miércoles, 6 de septiembre de 2017

¿Cuánto dura el verano en Suecia?



Tal cuestión me planteaba esta mañana mientras desayunaba viendo la lluvia a través de la ventana. A estas horas, ya puedo afirmar oficialmente que lleva más de diez horas seguidas chaparreando sin descanso. Nubes, niebla, gris en el cielo opaco. Curioso imaginar cómo el sol sigue brillando en algún lugar detrás de esa recia cortina de agua.

Siempre hay quien, al explicarle que te mudas a Suecia por voluntad propia, insiste en repetir: "¡Pero si allí no hay verano, con el frío que hace!". Era y soy consciente, la zona escandinava no es precisamente el Caribe europeo. Aun así, creo que hace falta vivir aquí un buen periodo de tiempo para comprender los matices del clima. 





Lo del frío no me importaba. Después de veintitantos años disfrutando y sufriendo el clima mediterráneo, tenía ganas de perder de vista por una temporada el calor extremo de sus bochornosos veranos. Salir a la calle y que el sol te aturda con su potencia, o directamente no poder estar al aire libre a determinadas horas del día no es lo más envidiable, de modo que los primeros meses nórdicos se desarrollaron sin menor preocupación. Cierto es, además, que el agosto pasado fue relativamente cálido llegando a rozar los veinte grados algún día que otro, haciendo mi primera impresión del verano sueca bastante benévola. 

Las semanas se suceden sin prisa pero sin pausa y llegan de la mano el precoz otoño seguido del blanco invierno. Todo bien, cumpliendo expectativas. Luego esperas con alegría la primavera, que llega a su manera, un tanto peculiar. Ya en marzo empieza a amanecer pronto, ganas minutos de luz cada día y lo notas, te activan. Llega un punto, diría que entre abril y mayo, en que se hace de día a las cuatro de la mañana con una claridad brutal. El cielo te regala todas esas horas de luz que te había negado durante el invierno, lo agradeces. Eso sí, la temperatura no acaba de subir. Flores por doquier, mil tonalidades, todo apunta al renacimiento del ciclo anual... pero calor, lo que se dice calor, no hace.

Sin darte cuenta y de forma sutil llega el verano. Te das cuenta porque se acaba el cole, la gente sale a la calle bien contenta, los parques y lagos se llenan de gente. Sí. Pero calor, lo que se dice calor, todavía no hace. Hay por supuesto días muy agradables, sales sin abrigo, durante las horas centrales del día estás en manga corta un poquito. Ya sabes, sin abusar, apreciando los detalles. Este es el verano sueco. Un verano que casi no he visto llegar, aunque sí marcharse. Como si de un guiño se tratara, el clima nos ofreció el fin de semana pasado un panorama soleado y festivo. "¡Despídete!", susurraban los árboles. Los primeros días de septiembre te dan lo que no has tenido en casi todo el verano y cierran con una semana de diluvio. Diluviando desdel lunes y sin probabilidad de amainar. Todo periodo de sol generoso y temperatura suave viene seguido de otro equivalente de lluvias torrenciales. Y ahora toca convivir con el fresco permanente hasta el año próximo.

Como si de una metáfora de la vida misma se tratara. Esculpiendo el carácter de la cultura sueca estación tras estación. 

domingo, 3 de septiembre de 2017

Las pasiones ocultas de los suecos


Alguna vez que otra os he hablado de costumbres que resultan especialmente populares entre mis conciudadanos suecos, así como de ciertas tendencias y tradiciones bastante comunes en el país. Sabéis, por ejemplo, que disfrutan decorando y redecorando sus hogares por temporadas, de aquí que uno de los más grandes y exitosos imperios en lo que a venta de muebles y accesorios para la casa se refiere sea de procedencia sueca. Vas a comprar cuatro cosas para convertir el salón de tu nuevo piso en un espacio más acogedor y encuentras campañas de todo tipo en las tiendas: "dale a tu casa un toque veraniego", "renueva los textiles de tu salón con una tonalidad rompedora", "viste tu casa al estilo escandinavo". Así que nada, todo el mundo de cabeza a comprar lámparas, velas y demás artilugios para cambiar el aspecto de tu hogar de arriba abajo, no sea que no estén al día de las últimas tendencias.

Otra cosa que parece encantarles es hacer fila. Sí, esperar haciendo cola para cualquier cosa en cualquier lugar. Si venís de vacaciones y os topáis con una de estas, sea en medio de la calle o en un comercio, os recomiendo preguntar a quien sea por qué espera. No sería la primera vez que un sueco se pone en la fila sin tener claro el motivo. Se trata de un fenómeno interesante, como una suerte de lógica implícita a la cual se responde situándose tranquila y sigilosamente en el último lugar de la hilera dispuesta a esperar pacientemente que llegue el turno. El momento. La resolución. ¿De qué?, eso ya se verá. Mira, dirás lo que quieras de la cultura latina, el sudeste asiático y similares, pero aquí se vive con una calma impresionante. Más allá de famas y etiquetas, palabra. Estrés cero. Si algo debe venir, llegará. En lugar de darle vueltas y preguntar, sale más a cuenta entrenar la paciencia y dedicar ese valioso tiempo a otra cosa, mariposa. 




Fila de compradores expectantes en la puerta de una conocida tienda de ropa sueca, por lo visto ya disfrutaban de hacer fila en 1947.

Hasta aquí todo cuadra, más o menos te encaja en los esquemas, vale. Pero fue esta pasada primavera cuando se me reveló la pasión sueca que bauticé como oculta. No me la veía venir. Reconozco que Suecia en un país que profesa un gran aprecio hacia lo musical, véanse bandas como ABBA o la cantidad de música que se produce aquí anualmente. Correcto. Pero fue mítico el experimentar la devoción sueca por Eurovisión y  el tinglado que se monta a su alrededor -por lo visto año tras año-. Reconozco que este concurso siempre me ha dado un poco de repelús, nada serio, pero es verdad. Bueno, pues aquí se presenta como el evento del mes de mayo. A parte del concurso previo nacional que convocan para elegir a quién va a representar a la nación delante de todo el continente (sí, soy consciente, esto es común en más países), la gente se pasa semanas hablando y discutiendo sobre el asunto. Se vuelve el tema de conversación imperdonable de la comida en la oficina, con colegas, vecinos, por todas partes...nadie se salva. La mayoría de mis conocidos se lo toman muy en serio "¡Oye, que nos la jugamos en Europa!". No nos andamos con chiquitas. Como artista, puedes pasar de orgullo nacional a decepción severa en una tarde. 

Así que, ya sabes, prepara tus palomitas y sé puntual en el sofá de casa para no perderte ni un minuto. Y para ir practicando el animar a tu grupo favorito, qué mejor que irte los viernes a uno de los populares karaokes nocturnos de la ciudad. ¡Micrófono, luces, acción! No imaginaba que una cultura que prescinde tanto de hablar disfrutara tanto cantando. Mejor todavía. 

domingo, 25 de junio de 2017

Celebrando Midsommar

Después de algunas semanas de parón, vuelvo con mis aventuras suecas para hablaros de una de las tradiciones más populares del verano nórdico. Reconozco que dicho descanso de escritura internauta ha durado más de lo que me planteé al publicar la última actualización, pero la vida ocurre y pasa a una velocidad que, a veces, se nos escapa de las manos. Como imaginaréis, adaptarse a un nuevo trabajo, en un país diferente, en una recién aprendida lengua...requiere bastante tiempo. De ahora en adelante planeo seguir compartiendo mis historietas aunque, eso sí, con más baja frecuencia :)


Dicho esto, vayamos al grano: ¿qué está pasando esta semana en Suecia? Casi todo el mundo se encuentra disfrutando una fiesta que llevan preparando semanas, conocida como Midsommar. En cierto modo, cabe afirmar que se trata del equivalente a San Juan, celebrado la pasada noche del veintitrés al veinticuatro en muchas zonas del sur de Europa. En el caso sueco, la fecha numérica puede variar con tal de adaptarla al penúltimo viernes del mes de junio, de modo que durante el día y la noche se llevan a cabo las celebraciones y el sábado siguiente se considera festivo de descanso -lo que equivale a ciudad desierta y comercios cerrados-.  

Una gran parte de la población aprovecha este fin de semana para irse a su sommarstuga o cabaña de verano, unas casitas de madera y alegres colores que tienen en el campo. Allí se reúnen con familia y/o amistades para comer recetas veraniegas y muchas, muchas fresas. Durante el día del viernes se monta el midsommastång o majstång, una gran barra o palo de varios metros de altura que se decora con flores, telas de colores e incluso pequeñas banderitas suecas en numerosas ocasiones. Dicha construcción adquiere una forma de cruz latina con dos aros que cuelgan de cada uno de los extremos respectivamente. A su alrededor bailan y cantan los asistentes alegremente como podéis ver en un cortito vídeo clicando en este enlace

Quien se queda en al ciudad tiene la opción de acercarse a uno de los parques más grandes, donde el ayuntamiento o la asociación de jardines organiza la versión urbana del evento. Allí compras una corona de flores para llevarla sobre la cabeza y...¡a disfrutar de los cánticos folclóricos! Del famoso palo os dejo un par de fotografías que tomé ayer paseando por los jardines del centro de Göteborg. Era justo el día posterior a la celebración así que, como observáis, se respira paz y tranquilidad. 

Sobre el significado del festejo, se suele decir que corresponde a un ensalzamiento de la fertilidad. Coincidiendo con el solsticio de verano, se trata de un momento del año en que las flores y cosechas brotan en todo su esplendor, hay abundancia de alimentos y recursos, y hace relativo buen tiempo. El sol brilla y nos ofrece horas de luz desde las cuatro de la madrugada hasta las once de la noche. En este contexto, pues, se celebra desde la antigüedad esta exuberancia otorgada por la naturaleza con alegría y agradecimiento. Por su parte, el majstång o palo de flores vendría a simbolizar un falo, elemento clave en la fertilidad humana, de modo que concordaría con el resto. Parece ser, además, una de las tradiciones más antiguas de la cultura sueca ya registrada en tiempos vikingos, de las pocas que sobrevivió a la ocupación e influencia cristiana pese a ser considerada un ritual pagano. 

Hoy en día, la mayoría de la gente simplemente celebra la llegada del verano, una de las estaciones más agradables del año escandinavo en la que (¡por fin!) se puede hacer vida al aire libre. Comer y beber, tumbarse en la hierba y tomar el sol modula el carácter de las masas, para mejor. Eso sí, la parte de la tradición que nadie me había contado y tuve que descubrir en propia piel fue que suele llover este día casi cada año. Después de una semana calurosa -de dieciocho a veinte grados- y viendo el sol casi a diario -una suerte incomparable-, llega el esperado día y nos cae el diluvio universal. Así que tendré que esperar hasta el verano que viene a ver si consigo cantar sin mojarme demasiado!



jueves, 27 de abril de 2017

El alma de los bosques

Imaginaos el típico paisaje natural sueco. ¿Qué animales encajan en él? Probablemente la mayoría habréis visualizado un alce o reno de forma prácticamente automática. Desde luego, estos mamíferos se podrían considerar un símbolo nacional. Cuando entras a una tienda de souvenirs, encuentras llaveros, camisetas y todo tipo de objetos representando este animalillo tan común en los países nórdicos. 

Guardianes de los bosques, solemne presencia, ágil caminar. Esta era la estampa que mi mente había definido antes de venir por estas tierras. Grandes alces que viven alejados de las poblaciones humanas, dominando su gélido territorio. Me preguntaba si tendría oportunidad de verlos alguna vez. La verdad es que mi idea no iba desencaminada, a excepción de la supuesta lejanía respecto a las ciudades. Resulta que una mañana, llega tarde una compañera a clase y nos dice "es que se habían metido dos alces en mi jardín y no podía sacar el coche". ¿Cómo? Sí. Pequeños problemas de la vida cotidiana por aquí. Se ve que si vives en los barrios más cercanos al bosque, donde una buena parte de los edificios son casas unifamiliares con jardín, hay bastantes probabilidades de que entren alces a catar los productos de tu huerto o -siempre y cuando parezcan apetitosas- tus flores. En el caso de mi compañera, la situación se presentaba complicada dado que la alce visitante era una mamá con un pequeño, con lo que intentarlos echar o acercarse a la cría para apartarla del coche hubiese supuesto un considerable riesgo (naturalmente, una madre hace cualquier cosa si percibe que su bebé está en peligro).

Anécdotas por el estilo resultan habituales en la zona del norte, donde abundan los pueblos y casas de campo. Más allá de quedarte sin flores o calabacines no hay mayor inconveniente, a no ser que tengas un manzano. Ojo con ello. Al ser rumiantes, cuando ingieren esta fruta se produce una especie de fermentación en su estómago que les induce borrachera. En tales circunstancias, nadie responde de sus actos. El simpático y tranquilo personaje se vuelve torpe, mareado, y su desorientación le lleva a lugares inimaginables. Hace unos años, apareció de madrugada un alce en Götaplasten, una de las plazas más céntricas de Göteborg. El vecino que lo vio llamó a la policía asegurando que no estaba loco, que realmente había un alce enorme y asustado en medio de la plaza. Se trata de un lugar lleno de coches, edificios y gente haciendo ruido al que un alce nunca iría por voluntad propia, pero había acabado allí por actuar bajo los efectos de la manzana. 




Yo ese día no vivía todavía aquí, así que para ver uno tengo la opción de pasear por una reserva natural o adentrarme en el bosque. El mes pasado tuve oportunidad de ver algunos de estos majestuosos animales y me sorprendió que no tuvieran cornamenta. ¿Acaso se trataba de alces jóvenes? No puede ser, eran gigantescos. Más tarde leí que es cíclica, dato curioso. Resulta que cada año les crece una cornamenta nueva siguiendo el ritmo de las estaciones del año, de forma que en invierno la pierden y en primavera vuelve a nacer. La lógica parece responder a sus necesidades, ya que no la usan por igual en las diferentes épocas del año. Misterio resuelto. ¡Cuántas cosas por descubrir del mundo en que vivimos!


jueves, 20 de abril de 2017

Plumas primaverales

Hace un par de semanas, se empezaron a decorar las calles de Göteborg con finas ramitas marronáceas y llamativas plumas de colores, dando un toque especial a decenas de rincones. Van inundando el paisaje y nadie desaprovecha la ocasión de unirse a la celebración de la llegada de la primavera: tiendas, bancos, salas de espera, casas particulares... 

Y es que, mientras en la península Ibérica se festeja la Semana Santa a golpe de tambor y procesiones, el ambiente nórdico profesa un estilo bien diferente. Aunque los días festivos también corresponden al calendario religioso, las tradiciones más populares tienen un carácter alegre y distendido. De hecho, me da la impresión de que mantienen cierta conexión con aquellos rituales ancestrales que homenajeaban la explosión de la primavera y su vivacidad de colores. Muchas flores vuelven a deleitarnos la vista y el olfato después de los meses de letargo, el sol nos visita cada vez más a menudo, la nieve va desapareciendo y los cantos de los pájaros ganan espacio en los parques y bosques.

Los habituales ramos de tronquitos y plumas pueden ser de diferentes tamaños y del color que cada cual prefiera, como se aprecia en las fotografías que tomé en el barrio de Haga. Respecto al material, algunas plumas son reales pero, por suerte, cada vez más personas optan por la opción sintética. Proporcionan el mismo efecto estético y de duración, con la ventaja de no herir a ningún ave para ello. La tendencia ha llegado a tal punto que un grupo de ciudadanos ha llevado este año al ayuntamiento una propuesta para establecer legalmente que todas las decoraciones de responsabilidad pública utilicen materiales alternativos sintéticos. Esperemos que la votación de sus frutos y de cara al futuro se aplique esta opción más ética.

Como veis, hay quien elige combinar varios colores, mientras que otra gente incorpora diversas tonalidades de una misma gama.

El segundo leitmotiv de estas fiestas son los huevos, que también se encuentran por doquier en todas sus variantes imaginables. La verdad es que da gusto visitar una tienda de manualidades o cualquier papelería en estas fechas y observar la cantidad de moldes, complementos y detalles de que disponen para crear tu propia versión. Infinidad de tamaños, texturas, tonos, materiales. ¡No hay excusa que valga! Los más pequeños suelen experimentar con ello en el cole durante los días antes de las vacaciones. Luego llega la parte más divertida, ya que es costumbre esconder varios huevos con sorpresa en el jardín de casa y que los niños pasen el día de Pascua jugando a buscarlos. Esta tradición posiblemente os suene por ser típica de otras sociedades, dado que comparte popularidad en varios países germánicos. 













Estas dos versiones en tonos morados y azules me gustaron especialmente.

Más allá de estas muestras tan cucas, hay comercios y supermercados que convierten la decoración de Pascua en una obsesión. Me refiero, por ejemplo, a ir a por la compra de la semana al supermecado y toparte con cientos de objetos superfluos -comestibles o no- con colores y formas que imitan huevos o ramilletes. Alcanza un nivel extravagante en algunos casos y, para mi desgracia, debo admitir que caí en la trampa dulce de comprar uno de los postrecitos de temporada. Aquí abajo veis lo gracioso del aspecto, detalles y mini huevos de caramelo incluidos. Mi ilusión se desvaneció al anclarle el diente: nada de relleno de chocolate como esperaba. Sólo azúcar. El azúcar más agrio que he probado en años. Imagino que alguien habrá a quien le guste, pero para mí fue novatada absoluta. El año que viene me quedo con disfrutar de la decoración urbana y mi conocida tableta de chocolate.



jueves, 6 de abril de 2017

De särbos va la cosa

Definitivamente lo de casarse no se lleva en este país. Reflexionaba sobre esta cuestión el otro día, ya que en poco más de seis meses voy a asistir a dos bodas de amigos españoles mientras que aquí no es algo demasiado visible. Parece que en la cultura sueca este ritual pasó de moda hace algunas décadas. 

La sospecha rondaba en mi mente desde hacía semanas y, por lo visto, no se limita a la superficial impresión de una recién llegada. Según dos estudios llevados a cabo por la Universidad de Göteborg y Svenska Kyrkan*, la juventud sueca interpreta el matrimonio como un compromiso demasiado serio y de costes elevados. Las investigaciones se realizaron por separado por parte de cada entidad, entrevistando a parejas jóvenes con el consiguiente seguimiento de sus relaciones durante unos años. Los resultados sorprendieron al equipo de investigadores y ambas derivan en la misma conclusión: se prefiere tener hijos a casarse. En otras palabras, contraer matrimonio resulta arriesgado, mientras que tener descendencia con otra persona se entiende como asequible y sencillo. Hubo alguna declaración en concreto que me llamó la atención por frecuente, afirmando que "no estoy segura de que mi relación tenga futuro, pero dado que mi pareja podría ser buen padre, encuentro razonable tener un hijo con él y, después, siempre podemos separarnos". Este razonamiento se repetía bastante tanto en mujeres como hombres, en su mayoría parejas heterosexuales. 

Honestamente, debo decir que leer semejante afirmación choca con mi visión y expectativas sobre las relaciones de pareja. Desde mi perspectiva conlleva mucha más responsabilidad tener un bebé con otra persona que casarme con ella. Al fin y al cabo, aunque al pedirle matrimonio a alguien esperas una relación próspera y con futuro, siempre queda la posibilidad del divorcio en caso de que la situación se tuerza. Y adiós muy buenas. En cambio, lo que implican los hijos en común es un lazo fuerte e inevitable de por vida, cuidarlos en común hasta que sean independientes, custodia compartida, e incluso cumpleaños y otras celebraciones indefinidamente. No veo la opción de firmar un papel y desandar lo andado.

Imagino que se trata de una cuestión de prioridades, todo depende del filtro cultural con el que se mire. ¿Qué estructura familiar es la predominante en Suecia, entonces? Pues por un lado podemos ser sambo respecto a nuestra pareja, es decir, vivir juntos sin casarnos. La ley reconoce este tipo de unión e intuyo que es la más común, en numerosas ocasiones con hijos incluidos. A partir de aquí existen varias versiones de este modelo, como por ejemplo ser särbo: pareja estable de larga duración cuyos integrantes viven separados (de la expresión sueca i sär). Por lo que he oído, esta alternativa se suele dar en parejas de personas mayores en que un integrante o ambos están viudos y pueden tener ya hijos mayores, por lo que desean entablar una relación romántica sin renunciar a su independencia ni volver a formar un núcleo familiar de vivienda compartida. Eso sí, la palabra que se me quedó grabada entre todo este vocabulario familiar por el toque cómico fácil respecto a la lengua castellana es mambo: persona que todavía vive con su madre/padre, de las menos habituales.


Fotografía de Gustav Adolf kyrkan, iglesia en Borås. Cada vez menos personas optan por la ceremonia religiosa.

Como no podía ser menos, la ley acoge estas organizaciones familiares con el término könsneutral äktenskaplag, que viene a significar "relaciones neutras en términos de género". Toda persona tiene derecho a elegir casarse o vivir como sambo en las mismas condiciones, independientemente de su género u orientación sexual. 






* Artículos con información sobre los estudios en: Monika Åstrom. Språkporten 1,2,3. Studentlitteratur, 2012.

jueves, 30 de marzo de 2017

Sobre gomina y postureo

Existe una norma tácita en el ámbito laboral sueco que a mi parecer resulta bastante ventajosa y es relativa al código de vestimenta. Cuando empiezas a trabajar en una nueva oficina o te citan a una entrevista de trabajo, no es necesario que renueves tu armario ni desempolves tus mejores galas: te espera un ambiente más bien informal. Lo más habitual es que te quites los zapatos nada más entrar al recibidor y andes en calcetines como en tu casa, cada cual viste según su estilo y personalidad, algo que se percibe como natural. Esta pauta se aplica también a los cargos más altos, si tu jefa aparece en chándal en tu despacho, mejor disimula tu gesto de asombro. 

Por supuesto y como todo en la vida encontrarás excepciones, por ejemplo las personas que trabajan de cara al público o aquellas que promocionan determinadas marcas o productos. El domingo pasado fui a dar precisamente con una de estas raras situaciones en las que el canon se incumple. Resulta que el contrato de alquiler de nuestro piso finaliza dentro de unos meses y, dado lo difícil que es encontrar techo aquí como probablemente leerías algunas publicaciones atrás, decidimos prepararnos para considerar todas las opciones y asistimos a la visita de un piso en venta. 

Todo comienza reservando hora para ver el apartamento, hasta aquí nada nuevo. El intríngulis se manifiesta cuando llegas a la puerta del lugar en sí y da comienzo el ritual. Una buena cantidad de personajes tienen cita a la vez que tú, desde varias parejas hasta un chaval que se independiza y viene con su madre a ver el piso, pasando por algún que otro vecino que aprovecha para echar un vistazo y coger ideas de estilismo para su casa. ¿Tan bonito era como para inspirar a las masas? Bueno, más bien se trata de que, al vender un inmueble, uno de los servicios que contratas es una empresa que se encarga de dejar tu casa cual pisazo de revista. Completamente impecable y con una decoración exquisita. Hasta una macetita con albahaca fresca te colocan en la encimera de la cocina por el módico precio de unos dos mil euros -¡en total, no por la plantita!-. No es que sea obligatorio en sí, pero si se te ocurre obviar el tema tu anuncio será tachado de defectuoso y bajará radicalmente el número de personas interesadas. Todo el mundo encarga esta prestación para que, además, un fotógrafo profesional saque la mejor perspectiva posible de su morada. 

Pero vaya, volviendo al propio ritual, nos topamos con el oficiante. Un sujeto de pelo exageradamente engominado te da la bienvenida con un apretón de manos y se ofrece a resolver cualquier duda respecto al piso. Menudo traje. Semejante pinta. A partir de ahí los potenciales compradores pasean a sus anchas y examinan el entorno. A su disposición, pequeñas revistas que se pueden llevar a casa con la información del piso y fotografías tan pomposamente retocadas que hay que esforzarse para reconocer las habitaciones que te encuentras inspeccionando. Así cuentas con los datos de contacto y te lo puedes pensar en casa tranquilamente, ¿verdad? Sí, considera el tema apaciblemente durante cuarenta y ocho horas, que es cuando comienza la subasta. En caso de que durante la visita el piso te interese, rellenas una ficha con tus datos para entrar en la siguiente fase, de manera que podrás pujar partiendo del precio de salida. ¿Divertido? No tiene desperdicio.




Como intuiréis, mi pareja y yo decidimos no seguir con el proceso de lucha por el apartamento, aunque nadie niega que fuese una mañana bastante entretenida. Lo curioso de adquirir una vivienda en este país es que no sólo debes tener en cuenta el precio final del piso junto con los intereses de la hipoteca, sino también los gastos de comunidad. Comprar un inmueble equivale a comprar un derecho a residir en ese lugar, de modo que el propietario final o responsable en última instancia es una empresa inmobiliaria. Por ello, el importe comunitario que te comento supone pagar mensualmente tu membresía dentro de la empresa correspondiente, que se encarga de garantizar agua, calefacción y mantenimiento. Este desembolso suele rondar los trescientos euros y supone una atadura económica hasta el final de los tiempos. 

En fin, haremos lo posible por llegar a buen puerto el próximo otoño, residencialmente hablando.