domingo, 3 de septiembre de 2017

Las pasiones ocultas de los suecos


Alguna vez que otra os he hablado de costumbres que resultan especialmente populares entre mis conciudadanos suecos, así como de ciertas tendencias y tradiciones bastante comunes en el país. Sabéis, por ejemplo, que disfrutan decorando y redecorando sus hogares por temporadas, de aquí que uno de los más grandes y exitosos imperios en lo que a venta de muebles y accesorios para la casa se refiere sea de procedencia sueca. Vas a comprar cuatro cosas para convertir el salón de tu nuevo piso en un espacio más acogedor y encuentras campañas de todo tipo en las tiendas: "dale a tu casa un toque veraniego", "renueva los textiles de tu salón con una tonalidad rompedora", "viste tu casa al estilo escandinavo". Así que nada, todo el mundo de cabeza a comprar lámparas, velas y demás artilugios para cambiar el aspecto de tu hogar de arriba abajo, no sea que no estén al día de las últimas tendencias.

Otra cosa que parece encantarles es hacer fila. Sí, esperar haciendo cola para cualquier cosa en cualquier lugar. Si venís de vacaciones y os topáis con una de estas, sea en medio de la calle o en un comercio, os recomiendo preguntar a quien sea por qué espera. No sería la primera vez que un sueco se pone en la fila sin tener claro el motivo. Se trata de un fenómeno interesante, como una suerte de lógica implícita a la cual se responde situándose tranquila y sigilosamente en el último lugar de la hilera dispuesta a esperar pacientemente que llegue el turno. El momento. La resolución. ¿De qué?, eso ya se verá. Mira, dirás lo que quieras de la cultura latina, el sudeste asiático y similares, pero aquí se vive con una calma impresionante. Más allá de famas y etiquetas, palabra. Estrés cero. Si algo debe venir, llegará. En lugar de darle vueltas y preguntar, sale más a cuenta entrenar la paciencia y dedicar ese valioso tiempo a otra cosa, mariposa. 




Fila de compradores expectantes en la puerta de una conocida tienda de ropa sueca, por lo visto ya disfrutaban de hacer fila en 1947.

Hasta aquí todo cuadra, más o menos te encaja en los esquemas, vale. Pero fue esta pasada primavera cuando se me reveló la pasión sueca que bauticé como oculta. No me la veía venir. Reconozco que Suecia en un país que profesa un gran aprecio hacia lo musical, véanse bandas como ABBA o la cantidad de música que se produce aquí anualmente. Correcto. Pero fue mítico el experimentar la devoción sueca por Eurovisión y  el tinglado que se monta a su alrededor -por lo visto año tras año-. Reconozco que este concurso siempre me ha dado un poco de repelús, nada serio, pero es verdad. Bueno, pues aquí se presenta como el evento del mes de mayo. A parte del concurso previo nacional que convocan para elegir a quién va a representar a la nación delante de todo el continente (sí, soy consciente, esto es común en más países), la gente se pasa semanas hablando y discutiendo sobre el asunto. Se vuelve el tema de conversación imperdonable de la comida en la oficina, con colegas, vecinos, por todas partes...nadie se salva. La mayoría de mis conocidos se lo toman muy en serio "¡Oye, que nos la jugamos en Europa!". No nos andamos con chiquitas. Como artista, puedes pasar de orgullo nacional a decepción severa en una tarde. 

Así que, ya sabes, prepara tus palomitas y sé puntual en el sofá de casa para no perderte ni un minuto. Y para ir practicando el animar a tu grupo favorito, qué mejor que irte los viernes a uno de los populares karaokes nocturnos de la ciudad. ¡Micrófono, luces, acción! No imaginaba que una cultura que prescinde tanto de hablar disfrutara tanto cantando. Mejor todavía. 

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